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Opinion
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The panorama of the delinquency and violence in Mexico is devastating, to today we have a severely affected public security by groups of the organized crime that tend to diversify to their activities, receiving force, increasing their complexity and causing greater terror between the population; placing this problematic one of insecurity in a fundamental place within the agendas of the different levels from government.

According to the First Survey on National Security in Mexico, made in October of 2008 by the Group of Analysis of the Security with Democracy and Consultant Intelligent Systems in Market and Opinion, the drug trafficking, the organized crime and the presence of armed groups they are the three main threats to the national security according to the opinion of the Mexicans.

Within this exacerbada wave of violence that we lived, it is possible to emphasize case provoked the past 15 of September of the this year, in Morelia, Michoacán, during festejo of the Anniversary of the Independence of Mexico, when a group of delinquents exploded distinguished between the attending civil populace to the popular verbena. It is important to stand out that at least two of each three Mexicans consider these events like terrorist attacks.

The government of Mexico has before if a great challenge, to give back the confidence of the Mexicans towards his institutions on the basis of results that demonstrate to the efficiency and effectiveness of the same ones. The task is not easy, because we have a great problem of interinstitutional and multisectorial coordination in the dependencies of all the levels of government, combined to the own limitations of its deficient capacity of answer.

At the present time, an information system makes lack combines efforts to limit the actions of the organized crime, because although in the paper agreements of interinstitutional coordination exist, actually are not carried out.
A deficient strategic planning, limited human and material resources and the lack of pertinent and truthful information, will bring with himself even greater errors in the programs battle to the crime organized in all the national territory.

The importance of counting on knowledge in Institutional Coordination and Contraterrorismo, allows to advance in the areas of intelligence, planning and operation of security strategies and defense that allow to diminish the devastating effects that the organized delinquency has on our society.

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La Prevención del Delito y la consecución de la convivencia



“La Prevención del Delito y la consecución de la convivencia
armónica de la sociedad”
.
Foro: Por una seguridad pública integral y moderna
Comisión de Seguridad ALDF, 18 de junio de 2007


Empezaré por decir, que si bien es cierto que el gobierno tiene la obligación de garantizar el Estado de Derecho y la seguridad de las personas, las familias y sus bienes, en un marco de respeto a la dignidad, a la libertad y a los derechos humanos, esta tarea -en los umbrales del siglo XXI- ya no pueden hacerla sólo las autoridades. La sociedad civil, todos y cada uno de los ciudadanos que la conformamos, debemos participar en aras de maximizar y optimizar los resultados en el combate a la inseguridad. Porque éste no es un problema aislado, debemos conceptualizarlo en la integralidad de nuestra vida; tiene que ver con legisladores, policías, ministerios públicos y jueces, pero también con educación, salud, empleo, desarrollo social etc.

Antes de seguir con mi exposición, considero pertinente precisar que la seguridad pública es “… el conjunto de políticas y acciones coherentes y articuladas que tienden a garantizar la convivencia pacífica y el orden público y deberán estar siempre sujetas al escrutinio y rendición de cuentas a la sociedad..”. La seguridad pública entra dentro del círculo del desarrollo económico y social del país. Al mismo tiempo que es una precondición, también es una consecuencia.


En México, desde hace varias décadas nos olvidamos de nuestra policía, nos olvidamos de modernizar nuestro sistema de seguridad y justicia y, como consecuencia, desde la pasada década los problemas de seguridad pública han ocupado un lugar primordial dentro de las agendas de los diferentes niveles de gobierno.

Por desgracia, al día de hoy tenemos una seguridad pública afectada por una delincuencia que tiende a ampliarse, cobrando fuerza y aumentando su complejidad y su violencia. Sin entrar en detalles, a nivel del DF, según la Tercera Encuesta sobre Inseguridad (2004), del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad A.C. (ICESI), México tiene una incidencia delictiva con una tasa de más de 11 mil delitos por cada 100 mil habitantes. 54% de los mexicanos nos sentimos inseguros; siendo que sólo 11% han sido víctimas. Esto es importante decirlo, porque significa que no es suficiente trabajar en bajar los índices delictivos sino también en la percepción que tenemos los mexicanos sobre la seguridad del país; y en ello, los medios de comunicación juegan un papel muy importantel.

De esta cifra (11% a nivel nacional) tenemos que de los 11.8 millones de delitos que se cometieron en el país durante 2004, las autoridades reconocieron en sus estadísticas oficiales únicamente 1.4 millones (de cada 8.3 crímenes, las autoridades se enteraron sólo de uno).

Para ser exactos, 82% no denunciaron, porque lo consideran una pérdida de tiempo o por desconfianza en las autoridades. Del 18% que sí denunció el 6% se va al archivo, o sea que sólo nos queda el 12%. Y de ese universo solamente el 8% recibió una sentencia condenatoria, lo que significa que recibieron la sanción de ley algo así como 0.67% del total de los (11.8 millones) delitos realmente cometidos .

Estas cifras, no hacen más que evidenciar que la inseguridad es cada vez más una amenaza contra la sociedad y un obstáculo para el desarrollo de nuestro país.

Para combatir la inseguridad, son muchas las aristas que debemos analizar para encontrar una respuesta integral que incluya tanto a gobierno como a sociedad civil. El día de hoy vamos a enfatizar una en particular: la prevención del delito. Como su nombre lo indica, la prevención del delito son aquellas medidas que tienen por fin reducir las posibilidades de que se comentan ilícitos entre la población.

Un conocimiento preciso de la causalidad delictiva posibilita una planeación interinstitucional, interdisciplinaria y social más eficiente para diseñar estrategias de prevención. Algunas de las causas son las que vemos aquí:
• La ineficiencia de las acciones del estado
• Leyes obsoletas
• Corrupción
• Una Policía que no cuenta con la confianza
y credibilidad ciudadana
• Crimen Organizado
• Medios de Comunicación
• Violencia Familiar
• Falta de oportunidades de educación y trabajo
• La pobreza no puede ser considerada como una causa de la delincuencia pero si la gran desigualdad en el pais.


Es urgente crear un marco jurídico en materia preventiva que asigne con mayor sistematización, las atribuciones, funciones y responsabilidades de las diversas instancias del Estado, no sólo de las de seguridad y justicia, también de otras áreas como desarrollo social y educación y de las responsabilidades de la ciudadanía. Así como el siglo pasado fue el siglo de los derechos humanos, este siglo además debe ser el de las responsabilidades humanas, que a veces vemos perdidas.
La sociedad civil en nuestros días tiene una gran corresponsabilidad con el gobierno y con la ciudadanía en general: la de coadyuvar en la prevención del delito, fomentando la cultura de la legalidad y la denuncia. Debemos hacernos responsables por los propios males que afligen nuestra sociedad. Debemos ver la prevención del delito como un proceso de interacción social donde los ciudadanos debemos jugar un papel importante para evitar que se cometan delitos y para denunciar conductas delictivas.
Es necesario que los ciudadanos tomemos conciencia de la importancia de fomentar la prevención del delito, pues todos nosotros formamos parte de una sociedad; una sociedad que necesita sanearse y eliminar de sí la mayor cantidad de transgresiones posibles para que pueda preservarse y lograr una convivencia armónica real y duradera.
Como ciudadanos responsables, desde el hogar, debemos de promover valores que motiven la solidaridad social, el rechazo a los actos delictivos, a la corrupción, a la impunidad.
La organización social debe enfocarse con los órganos institucionales. Se debe de entender que el gobierno por sí solo no puede prevenir y combatir el delito, por lo que hay que motivar la participación ciudadana para formar un frente común en su prevención y combate. Debemos acercarnos a las instancias correspondientes, tender puentes para alcanzar un trabajo conjunto, en equipo. De nosotros depende tener la iniciativa de cooperar para disminuir los actos delictivos que tanto laceran a nuestra comunidad y no permiten su sana convivencia.
A todos, tanto a las instituciones de seguridad pública como a los ciudadanos, nos corresponde romper el círculo vicioso que forman la corrupción, la impunidad, la violencia y la desconfianza.
En el DF, al igual que en algunos otros estados, para tratar de elevar los niveles de seguridad han aumentado la sanción penal, el número de policías y patrullas. Además, en muchos casos se sigue tolerando la violación a los derechos humanos. Sin embargo, estas acciones no han elevado el nivel de seguridad y dejan de lado las verdaderas causas de la criminalidad. Se olvida la necesaria modernización de las instituciones de procuración y administración de justicia mediante un esfuerzo global que garantice el acceso y trato igualitario a la población; que se erradique la desconfianza mutua entre esas distintas entidades y se busque la complementariedad de ellas y la coordinación contra el crimen.
Debemos pugnar por una política de seguridad pública que actúe sobre las causas de la criminalidad y privilegie la prevención e investigación del delito por encima de las medidas de represión.
La seguridad pública no sólo es un problema de los cuerpos policiales. La colaboración de todos los actores sociales es urgente, fundamentalmente cuando vemos que las debilidades en este rubro son fuente de una violencia e impunidad que afectan la vida, la integridad, la libertad y el derecho a la justicia de las personas y, en general, el de todos a llevar una vida libre de temores y sobresaltos; es decir a tener una convivencia social armónica.
Es imperativo que colaboremos para abrir espacios y ofrecer condiciones concretas para que la población ejercite su derecho de proponer, acompañar y “vigilar” las acciones del gobierno” , definiendo las responsabilidades de cada una de las partes y así avanzar en la construcción de una conciencia colectiva de lo ciudadano.
Existen tres espacios fundamentales en la construcción de un proyecto de legalidad para garantizar el derecho a vivir sin miedo: la reafirmación del Estado, la construcción de una verdadera democracia y la cultura ciudadana.
La seguridad pública enfrenta los desafíos al orden público, político, social y económico generado por el crimen común, el crimen organizado transnacional, la violencia, el temor y la inseguridad. Tanto reformas políticas, legales y judiciales, como policiales y carcelarias, junto a una mayor participación ciudadana y programas destinados a disminuir la pobreza y la inequidad son esenciales para aumentar la seguridad pública y la gobernabilidad democrática.
Para prevenir y combatir la delincuencia no se requiere un Estado policiaco, sino uno que sea profesional y eficaz, que sea honesto, que respete los derechos humanos, que fomente espacios en donde los ciudadanos participen en la elaboración de los programas de seguridad.
Como conclusión, apostarle a la prevención del delito como piedra fundamental en el combate a la delincuencia, es apostarle a una posibilidad real de lograr una convivencia sana y plena de armonía.
Así como también, para fortalecer la convivencia social es necesario construir voluntades; estar conscientes de la dimensión del problema de inseguridad que tenemos enfrente, comprender la perspectiva que tienen tanto el gobierno como la sociedad civil para responsabilizarnos en la tarea que a cada uno de nosotros nos ha tocado vivir.
Visión y acción, son dos dimensiones no exclusivas, pero sí importantes, para una cultura sólida en el campo del combate a la inseguridad y el fortalecimiento de la participación ciudadana para continuar aspirando a vivir en sociedad.
La participación ciudadana en la Prevención del delito es un aspecto de la realidad actual acerca de un asunto trascendente: la convivencia armónica de la sociedad.

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